domingo, 11 de mayo de 2014

De cómo me convertí en susurradora de poemas

Mi primer encuentro con un susurrador data del pasado solsticio de invierno, había participado en una de las Matinals de dibuix domèstic organizadas por Elisabet Riu y Marta Rodríguez Peribañez, en el Penedés. Ese día, la poesía se había hecho presente desde muy temprano, en un trabajo plástico colectivo en el que conectamos con lana los viñedos de Caves Llopart. El resultado, un tejido orgánico, que entrelazaba vides y sarmientos, pero también a los tejedores a la tierra y a los otros, frente a la inmensidad del paisaje y el silencio.
Viñedos de Caves Llopart. Foto: Neritza Pinillos

Ya por la tarde, alrededor de la mesa, después del correspondiente vino de la región y una taza de café Juan Valdez, Marta sacó un susurrador y explicó su experiencia con ellos en un trabajo que involucraba la plástica y la palabra. Es cierto que muchos de nosotros desde niños hemos utilizado estos tubos de cartón como objeto de juego simbólico, espadas, varitas, catalejos, altavoces, pero el uso propuesto aquí era el de susurrar en la oreja del otro, un mensaje que los demás no escuchaban. 


Preparación de susurradores. Foto: Marta R. Peribáñez
La gran longitud y el colorido del tubo estimulaban la curiosidad y la propuesta hacía del objeto un intermediario entre sujetos que podían establecer un nexo y a la vez resguardar cada uno su espacio personal. Inmediatamente pensé en los usos lúdicos, terapéuticos y por supuesto poéticos y quedé enamorada. Así que le propuse a Marta que para la presentación de mi poemario Cantos del ánima prometida -en duermevela-  en el Espai 21, preparáramos unos susurradores. 

La idea original surge de Mirta Colángelo, educadora y narradora argentina, especialista en Literatura infantil y juvenil. Mirta toma la tarea de susurrar del grupo de artistas franceses Les Souffleurs, dedicados desde el 2001 a susurrar poesía en París como modo de «desacelerar el mundo»


Preparación de susurradores en Espai 21. Foto: Marta R. Peribáñez
Estos artefactos dan la posibilidad de crear un espacio contenido y silencioso donde el poema puede llegar de manera íntima, dar protagonismo a la escucha como sentido y preparar a la persona para recibir la palabra desde otro lugar. El susurrador invita a conectar con la emoción a través de la palabra, el aliento, las pausas y el volumen de la voz, y sobre todo con la idea de lo secreto, de aquello que es sólo destinado al oyente.  El resultado es un efecto potente que deja una huella agradable en todo aquel que se dispone a la experiencia. Y para los que susurramos, la sensación de entregar un presente, hecho de la materia misma de lo que somos.

Presentación de Cantos de ánima prometida. Foto: Alejandro Pérez
Presentación de Cantos de ánima prometida. Foto: Alejandro Pérez
A lo largo del tiempo, el oficio de susurrar ha ido más allá de las provincias argentinas y una gran cantidad de grupos de personas dan continuidad a esta experiencia. Ahora  yo, enrolada como susurradora de poemas espero poder seguir difundiendo esta práctica y contribuir a disolver la idea de que la Poesía es un género apreciado por unos pocos.
Por lo pronto, he comenzado en Las Ramblas de Barcelona, el día de Sant Jordi, que es también el día internacional del libro, pero eso es material para un próximo post.

lunes, 8 de octubre de 2012

¿Y ahora por dónde?

Cuando ocurre una desilusión, la fe se tambalea y las fuerzas menguan. Y surge la pregunta ¿y ahora qué? ¿cómo sigo con esto? ¿Me voy? ¿A dónde, a qué? ¿Me entrego a la indolencia? ¿Tiro la toalla? También surge la tentación de culpar a los otros, si no hubiese sido por…, me robaron, me hicieron trampa, me engañaron.  Y por supuesto la soberbia que no falta: ¿cómo pueden ser tan brutos?, tienen el rancho en la cabeza, la ignorancia es el mal de los pueblos, ¿cómo pueden pensar sólo en ellos mismo?, etc.
Tengo la dificultad  de no poder disfrutar de la euforia colectiva, del optimismo extremo y la fe apasionada, de no  poder admirar a los políticos como si fueran estrellas del pop y poner afiches de ellos en mi casa. Esto me deja, en este aspecto, por fuera de la idiosincrasia venezolana. Mi fe es más austera, sostenida a veces a fuerza de voluntarismo, porque ante el pesimismo empedernido, sólo el tesón de querer creer  es  a  veces lo único que funciona. Lo que sí es cierto es que no hay que perder la perspectiva, una cosa es la posibilidad, la probabilidad, el deseo y otra cosa el delirio. Había posibilidades de ganar y de perder y había que estar preparados para ambas. Al fin y al cabo ¿Qué garantías se tenían? ¿Los comentarios del propio círculo?, ¿Lo que decía el canal de televisión de la propia tendencia?, ¿Las dudas de algún pariente del otro bando? ¿La concurrencia a los eventos? ¿La disparidad en las encuestas? Todo era posible y eso lo sabíamos. Cantar fraude es irresponsable y además incoherente con el hecho de ir a votar desconfiando del sistema electoral. Todos queremos ganar cuando apostamos por una opción que nos parece justa y correcta. Pero la democracia está para expresar una voluntad, independientemente de si se gana o no de manera puntual. Democracia es el derecho a opinar y tener voz, así esa opinión luego no concuerde con la mayoría que al final es la que decanta la decisión. Nadie que le guste el deporte se plantea no volver al estadio porque su equipo pierda, así lo haga consecuentemente. Quieres democracia, vota, no hay otra opción.
Los resultados de las elecciones presidenciales en Venezuela ponen en evidencia la decisión de un pueblo que por las razones que sea decide optar por repetir. Una repetición que es compulsiva desde el punto de vista de los otros que ven la repetición como un daño que los que repiten se hacen a sí mismos y al prójimo. Y puede que sea cierto, pero tener la razón a veces no sirve de mucho. No se puede hablar de cambio cuando no se reconoce al otro como igual, cuando se cree que por tener la razón se es superior, cuando existe la imposibilidad de ponerse en el lugar de los otros y comprender sus miserias sabiendo que todos tenemos las nuestras. No se puede invocar el cambio coleándose en la fila de votación porque se encontró a un panita, ni dejando la basura tirada en la calle.
¿No se entiende cómo 7 millones de personas toman otra vez la misma opción? Pues va a tocar entenderlo, va tocar escuchar y no insultar, no tratar de confrontar aunque haya provocación.  Va a tocar intentar otra vía distinta al argumento, más empática. Va a tocar no nombrar al santo demasiado omnipresente, ni siquiera al pecado, sino con la mejor de las técnicas de rodeo, proponer la enmienda,  hacer propuestas de creación, enseñar a la gente a que si quiere pedir, que aprenda a pedir bien, a exigir a sus gobernantes lo que se merece. Invitar a construir, pero no sobre un modelo prefabricado sino sobre una base común que dé margen a lo desconocido, a lo nuevo y donde haya intención verdadera de unión en la diferencia. Quizás haya incluso que  dejar de llamarse opositores y ponerse un nombre más sugerente, generar confianza con acciones y gestos, que de las palabras y las especulaciones ya estamos cansados. Y sobre todo erradicar la bipolaridad, esa de los dos polos, los dos países, los dos delirios y también la otra, la que pasó de la euforia a la depresión en 24 horas.
Hay mucho trabajo por delante y el tiempo apremia, cada quien desde lo pequeño  y desde el lugar en donde está que se pregunte cuál puede ser su contribución y qué tiene que aprender de toda esta experiencia. No se trata de consuelo de tontos ni optimismo comeflor sino de dejar de lloriquear y  plantarse con temple y responsabilidad para  hacer lo que se tiene que hacer. 

domingo, 26 de febrero de 2012

Hilos relacionales: de la ausencia a la presencia


Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un 
laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; 
si acaso lo encontraremos y lo perderemos en un
 acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en  las
 palabras que se llaman filosofía o en la mera
 y sencilla felicidad.

Jorge Luis Borges



Los índices  apuntan a la tierra. Los hilos apenas conectan. Deseo y esperanza de que se dé la escucha y la comunicación, como comienzan casi todas las relaciones.
Empiezo a moverme y añoro la tensión de la diferencia, la oposición. No encuentro la suficiente, no quiero ser Artemisa pero tampoco Perséfone tomada de la mano. Esto no va a funcionar, pienso, como una profecía de autocumplimiento.
Vuelvo al inicio y espero, no sin expectativas, siempre las expectativas. Entonces siento que soy movida y sigo el movimiento. Mis manos se extienden, mis brazos se abren a recibir y de repente advierto que el hilo está distendido, que estoy bailando sola, como tantas otras veces, entregada a mi propio Movimiento y creando un espejismo, una ilusión donde el otro real desaparece, se desvanece.
Después de todo podría quedarme allí autocontenida, es más fácil que enfrentarse con la imposibilidad del otro de satisfacer mi deseo, más fácil el abandono que la acogida verdadera, la retirada que la derrota.
Me rindo, depongo mi voluntad y por primera vez creo que estoy dispuesta a escuchar realmente a quien está del otro lado, en vez de debatirme conmigo misma. Entonces el milagro ocurre y el otro se devela y la danza misteriosa comienza.
Y soy árbol mecido por el viento,  feliz con la densidad del tiempo tatuada en mis anillos ancestrales. Abierta a la desnudez en invierno, el verdor del verano, la caída siempre en otoño y la flor de la primavera y vuela al invierno de nuevo.
Soy llamadora de pájaros, el universo entero se detiene a escucharme, la tierra tiembla bajos mis pies arraigados y mis brazos son súplica silente, alas batientes que espantan sombras.
Un clamor me hala hacia abajo, me demanda acercarme a eso que se gesta bajo tierra. Escarbo como un animal, canto un llamado vehemente al otro que no veo pero que presiento,  remuevo la ceniza de los muertos, hago conjuros, invocaciones.
De nuevo el silencio, una calma plácida se instala afuera, relámpagos y truenos anuncian la tormenta adentro. Me levanto sostenida por mis piernas. Soy mujer erguida. Halo los hilos como quien recoge el papagayo amado de la infancia y recupero al otro, ahora presente en el abrazo que desata el aguacero que se desborda  caudaloso por mis ojos, y me riega entera. Estoy en casa.

lunes, 13 de febrero de 2012

Ilusionista se ofrece...

certamen microrrelatos ventadepisos.com


Esa mañana se quedó por largo rato mirando el techo de la habitación de su piso de alquiler. Desilusionado por la situación económica que la tan nombrada crisis le había propinado y luego de sólo cosechar silencios de sus postulaciones en  los portales de empleo, decidió que  lo mejor que tenía que ofrecer era su capacidad de crear cuentos y fantasías y que había llegado el momento de rentabilizar el don.
Colocó un anuncio en la web en el que se que se ofrecía como ilusionista para crear narraciones visionarias  a partir de las creencias del cliente. Una historia personalizada que siendo ficción, y eso quedaba claro en las condiciones del servicio, bajaría el nivel de angustia y dejaría a quien recibiera  el relato en la más plácida sensación de confianza en el futuro.
Para su sorpresa comenzó a recibir llamadas. A una mujer que creía en el poder de los sueños, le inventó una historia mítica en donde  la clienta era la heroína y vencía a todos los demonios de sus pesadillas. Un hombre viudo que creía en la Ciencia recibió un cuento teorema que le daba la razón en todas sus suposiciones e hipótesis acerca de la vida después de la muerte. Una viejecita devota de la Virgen de Fátima era llevada por ángeles a cumplir la misión de revelar al mundo un cuarto misterio hasta entonces desconocido.
Poco a poco la fama del Ilusionista se fue extendiendo por la región y sus clientes quedaban satisfechos y agradecidos, excepto alguno que otro político, creyente en sus ideas y buenas intensiones, que al escuchar la historia sobre el éxito  de sus medidas y reformas para el bien común, salía desilusionado, porque la magia de la ilusión funcionaba si realmente se creía en aquello que se decía creer.

martes, 17 de enero de 2012

Deseos apropiados

Que no expropiados, aunque la palabra esté de boca en boca últimamente en Venezuela. Me adueño con toda libertad porque pienso que los buenos deseos están fuera del alcance de la propiedad privada e intelectual y pertenecen a la especie, que aunque perpetre actos terriblesy tenga el gérmen del egoísmo, también tiene la semilla que quiere encontrar la buena tierra para dar frutos.
Así que este año, desearé estos deseos apropiados, porque los hago míos y porque son adecuados para el momento actual, que a su vez me han sido deseados por una amiga mía y que se le han adjudicado a Víctor Hugo que quién sabe de quién los heredó.
Así pues, para mí y para todos los lectores de estas líneas, mis deseos para este año que comienza:


Te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado. Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes rencores. Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar

Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien puedas confiar sin dudar. Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas. Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil, más no insustituible. Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie. Igualmente, te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste. No todo el año, sino apenas un día. Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un gato, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, sentirás bien por nada. Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuantas vidas esta hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico. Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero frente a ti y digas: "Esto es mío", sólo para que quede claro quien es el dueño de quien.

Te deseo también que ninguno de tus afectos muera, pero que si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer, y que siendo mujer, tengas un buen hombre, mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes, hablen sobre amor para recomenzar.

    Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo más nada que desearte.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Solsticio de Invierno

A paso de morrocoy por Neritza Pinillos M
 Un homenaje al sol en este solsticio de invierno.
El dueño de la luz
(Cuento Warao - Venezuela)
 En un principio la gente vivía en la oscuridad. Los warao buscaban yuruma (médula de palma para hacer pan) en tinieblas y sólo se alumbraban con candela que sacaban de la madera. En ese entonces, no existía el día ni la noche.

Un hombre que tenía dos hijas supo un día que había un joven dueño de la luz. Llamó entonces a su hija mayor y la envió a a buscar y traer la luz para su pueblo.
Ella tomó su mapir (canasto hecho de palma) y partió. Pero encontró muchos caminos por donde ir  y tomó el que la llevó a la casa del venado. Allí conoció al venado, se entretuvo jugando con él y se olvidó de su tarea.
Cuando regresó donde su padre no traía la luz. Entonces el padre resolvió enviar a la hija menor:
La muchacha tomó el buen camino y después de mucho andar, llegó a la casa del dueño de la luz.
    -Vengo a conocerte -le dijo, a estar contigo y a obtener la luz para mi padre.
Y el dueño de la luz le contestó:
    -Te esperaba. Ahora que llegaste, vivirás conmigo.
El joven tomó el torotoro (caja hecha con juncos) que tenía a su lado y con mucho cuidado, la abrió. La luz iluminó sus brazos y sus dientes blancos. Y también el pelo y los ojos negros de la muchacha.
Así, ella descubrió la luz, y el joven, después de mostrársela, la guardó.
Todos los días, el dueño de la luz la sacaba de su caja y hacía la claridad para hacer feliz a la muchacha.
Así pasó el tiempo. Jugaban con la luz y reían. Por fin, la muchacha recordó que tenía que volver con su padre y llevarle la luz que había venido a buscar.
El dueño de la luz, que se había enamorado de ella, se la regaló:
    -Toma la luz. Así podrás verlo todo.
La muchacha regresó donde su padre y le entregó la luz encerrada en el torotoro. El padre tomó la caja, la abrió y la colgó en uno de los troncos que sostenían el palafito. Los rayos de luz iluminaron el agua del río, las hojas de los mangles y los frutos del merey.
Al saberse en los distintos pueblos del Delta del Orinoco que existía una familia que tenía la luz, comenzaron a venir los warao a conocerla. Llegaron en sus curiaras desde los caños Araguabisi, Manamo y Amacuro. Curiaras y más curiaras (embarcaciones largas hechas con tronco ahuecado) llenas de gente y más gente.
Llegó un momento en que el palafito(Vivienda construida sobre el agua, apoyada en estacas de madera)  no podía ya soportar el peso de tanta gente. Y nadie se marchaba porque estaban maravillados con la luz  y ya no querían seguir viviendo a oscuras.
Por fin, el padre de las muchachas se le ocurrió una idea para que todos pudieran beneficiarse de la luz. Y de un fuerte manotazo, rompió la caja y lanzó la luz al cielo.
El cuerpo de la luz voló hacia el Este y la caja hacia el Oeste.
Del cuerpo de la luz se hizo el sol. Y de la caja en que la guardaban, surgió la luna.
De un lado quedó el sol y del otro, la luna.
Pero como todavía llevaban la fuerza del brazo que los había lanzado, el sol y la luna marchaban muy rápido. El día y la noche eran muy cortos, y amanecía y oscurecía a cada rato.
Entonces el padre le dijo a su hija menor:
    -Tráeme un morrocoy pequeño.
Y cuando tuvo en sus manos el morrocoy, esperó a que el sol estuviera sobre su cabeza y lo lazó con una cuerda  y en el otro extremo amarró al morrocoy. Y le dijo:
    - Toma este morrocoy. Es tuyo. Espéralo.
Desde ese momento, el sol caminaba al paso del morrocoy, como va hoy en día, alumbrando hasta que llega la noche.


viernes, 7 de octubre de 2011

Trópico Inexorable

Pachamama por Neritza Pinillos M
De tanto ir y venir no sé ya si me voy o regreso, si llego a casa o la llevo a cuestas, siempre en tránsito, con un destino en cada  afecto, que se configura en la nostalgia de la despedida, con la promesa de un hasta luego.

Es así como de nuevo me veo armando mis maletas, yéndome, o llegando, según dónde se coloque el referente, discerniendo qué meto en la mochila y que dejo atrás, de qué puedo prescindir y de qué no. Como si el viaje perpetuo me pusiera de nuevo ante la pregunta ontológica de quién soy y adónde voy.

Mi recorrido empieza antes de partir de Venezuela. Me he topado nuevamente con una obra del Teatro Altosf llamada precisamente Volunta Tua que me ha recordado que al igual que el amor, el duelo y el perdón, alinear la voluntad con la Voluntad es un proceso que exige en el momento inicial una estructura, un procedimiento, un modo y orden como diría Ignacio,  para disponerse y finalmente entregarse. En este cruce de voluntades terminé recibiendo un estupendo regalo de despedida en el Spa Renacer, que aunque suena trivial, he de decir que fue una de las mejores experiencias sensoriales que he tenido en la vida, y mira que he tenido bastantes. El lugar en sí, el cuidado en el más mínimo detalle, la atención y sobre todo la naturaleza en todo su esplendor, hicieron del momento una experiencia mística. No exagero al decir que me sentí allí amada por Dios y al salir, con la confianza y tranquilidad que constantemente nos roba el miedo cotidiano. De esta experiencia saco dos conclusiones, la primera, que necesitamos ser tocados, acoger al cuerpo con amor y que esta aceptación misericordiosa de la instancia más básica y concreta del ser, es una vía de acercamiento a la Divinidad; segundo, que la Tierra en sus múltiples expresiones naturales crea un nexo con ella tan fuerte, que en el imaginario llevamos por siempre el pasaje natural en el que hemos nacido como una marca imborrable. En mi caso y a pesar de ser citadina, el verde multitónico y salvaje, la lluvia torrencial y el sol inclemente. La nostalgia del que emigra es la nostalgia por una tierra que no existe en los mapas sino en el alma, paisajes internos de una tierra que nos acoge y contiene, donde no somos extranjeros. Así debe ser el Reino que nombran los Evangelios.

Ahora estoy aquí. Esta mañana al salir a la calle, los olores de la ciudad me han invadido como no es habitual en mí. Sobre todo el mal olor del suelo asfaltado. Hoy he rendido tributo a la Pachamama, he evocado  a mi tierra con emoción y sin nostalgia, he agradecido a la Tierra toda su generosidad infinitamente  grande en comparación con la mía. He agradecido por esta ciudad y su manera de recibirme, con todo y su escasez de árboles, sus malos olores y sequedades. Hoy he sentido que el alma me ha llegado al cuerpo, que ha aterrizado en esta ciudad curiosa, después de tres semanas de haber llegado yo. Hoy después de de nueve meses sin poder escribir en este blog, la palabra surge como parida de eso profundo que me conecta con la tierra, con la vida.

En la noche ha llovido, el agua ha limpiado y se ha llevado la suciedad. Las gracias fueron recibidas y se nos ha regalado el olor a tierra mojada y la posibilidad. Siempre se habla del viajero que deja su tierra o de quien regresa a ella, pero  ¿cómo es eso de retornar a una tierra extranjera? Sin ser de aquí ni ser de allá. Ser cosmopolita no es suficiente. Quizás sólo baste recordar ese lugar de adentro que invocan  el sol, la lluvia y el follaje, un lugar que no está sino en el centro del pecho, que guarda los misterios de la vida y de la muerte, las mejores semillas y en donde en tiempos de caos y oscuridad el Espíritu bate sus alas sobre las aguas y todo comienza de nuevo y es bueno.

domingo, 16 de enero de 2011

Arácnida

Aprendí a tejer a los 8 años. No heredé la enseñanza ni de mi  madre, ni de mi abuela. Una vecina de origen andino se ofreció a enseñarme en su casa y yo aprendí rápidamente como si mis dedos vinieran programados desde lejanos tiempos para hacer esta labor. Me gusta hacerlo con ganchillo, sutil y disimulado. Con las  grandes agujas pierdo el ritmo y el tejido se me hace eterno. 

Al principio, los diseños eran siempre circulares, luego aprendí a tejer piezas separadas que después unía con agujas de coser punta roma y el mismo estambre. Al igual que la escritura y la pintura, siempre vuelven las ganas de tejer, sobre todo en momentos de repliegue sobre mí misma, como si con cada punto me fuera armando por dentro en una estructura armónica y regular,  o  hiciera una piel de estambre mullida y tibia a sabiendas de que la que tengo ya no me sirve y es hora de mudarla.

Soy tejedora. Voy entrecruzando los hilos de mi historia, sólo a través del retículo mi vida cobra sentido y las cosas pueden conectarse. Voy tejiendo una red de vínculos que mantienen tenso el hilo, urdimbre de relaciones, mis hilos y los ajenos en un entrelazado delicado y resistente.

Pero tejer tiene también este lado oscuro, el del liar compulsivo, la acción vehemente y ciega de lazar y retener. La ilusión del poder entre las manos de hacer de un hilo casual una terca red, sin más propósito que la saciedad del hambre pulsátil, de sortear la constante incertidumbre.  Así, mueren insectos, peces y hombres. Rodeados, engañados por la belleza del tejido, del ensueño y la seguridad de la fibra envolvente. Mientras la araña, atrapada en la acción que la define, sigue tejiendo aunque se indigeste con el falso alimento que la deja aun más necesitada.

¿Puede Aracne librarse de la condena de tejer?
Aferrada al vaivén incesante del punto de crochet
es presa de la repetición, de la trama circular
Quizás ha de procurarse la inmovilidad, matarse de hambre
Halar, casi sin darse cuenta, el hilo resistente a deshilvanarse
en el umbral de la ausencia
La entrega al vertiginoso deshacerse del tejido
La nada que se traga la forma
El hilo deforme, la  maraña entre las manos
Sin saber qué hacer con esto que antes era simetría y orden
Y que ahora es sólo caos y memoria constreñida
Sé que no hay vuelta atrás
La red está deshecha.
Tratar de desenredar el ovillo es inútil
El hilo no tiene final ni comienzo
Un extremo, sólo uno, bastaría para recaer y recomenzar
Así que de este vacío hecho de enredos
me columpio en el indomable desasosiego
me hago un brocado de nudos donde espero
Y me sueño crisálida
Y me sé siempre araña.

miércoles, 5 de enero de 2011

Año nuevo, la vida continúa.

Es usual al principio de un nuevo año hacer una lista de buenos propósitos. Con algunos muy concretos de la lista del año pasado me fue muy bien, aumenté un par de kilos y tomé vino hasta el cansancio, desplegué mi lado cursi y supersticioso sin ningún pudor, en algunos cuentos que escribí; reí a carcajadas con tanta intensidad como lloré; logré llegar tarde a alguna cita, pero ese no vale porque en esta ciudad, el tráfico está favor de ese propósito. Con otros, me he dado cuenta de que llevarán un poco más de tiempo y con algunos, que son trabajo de toda la vida, de año tras año.

Así que este año he decidido no tener ningún propósito, o por lo menos sólo los mínimos necesarios, que no escribiré aquí. Pero sí  muchos deseos, quiero desear sin tener sobre mis hombros la carga de la omnipotencia, lo quiero todo regalado, quiero poder  sorprenderme y agradecer, que el deseo sincero de corazón, sin lucha y sin esfuerzo, sea suficiente para dejarme llevar hasta su consumación.

Así que aquí va mi lista:

1. Dejar de lado los porqués.
2. Ser feliz con benevolencia.
3. No contribuir con mi juicio a ampliar el círculo de los excluidos.
4. Resistir a la ilusión de creerme mejor que los demás.
5. Soltar y saltar al vacío.
6. Orar, bailar y cantar, que son un poco lo mismo.
7. Rendir tributo a Dioniso.
8. Llevar a tope mi sentimiento primario.
9. Vivir plenamente los tiempos que me correspondan.
10. Acogerme con ternura.
11. Expresarme con claridad y sencillez, sin sigilo ni artificio.
12. Entregarme al suceder, con los ojos y el corazón abiertos.
13. Discernir lo que depende de mi voluntad y dirigirla con acierto.
14. Cortar el círculo de las repeticiones obsoletas.
15. Agradecer cada día con todo lo que trae.
16. Saber cuándo es tiempo de irse de los lugares y no alargar las despedidas.
17. Pedir a cada quien sólo aquello que puede dar.
18. Que se cumplan todos los deseos que pedí con las uvas de las 12.

Si se me van ocurriendo otros pues los iré agregando, que desear se puede hacer durante todo el año y éste apenas comienza.

domingo, 12 de diciembre de 2010

La luz nacerá de las tinieblas

Si quitares de en medio de ti el yugo,
el dedo amenazador, 
y el hablar vanidad;
y si dieres tu pan al hambriento, 
y saciares al alma afligida,
en las tinieblas nacerá tu luz, 
y tu oscuridad será como el mediodía.


Isaías 58, 9-10




Hace tiempo vengo pensando en escribir un post de cierre de este año y no logro encontrar el tono apropiado, quizás porque yo misma estoy politonal. Este es sin duda uno de esos años en los que las biografías de los ilustres marcan un antes y un después, un hito, como lo llaman.

Me sabe a  nada la voz del optimismo ante una realidad que parece sobrepasarnos, las frases “el año que viene será mejor”, “dicha y prosperidad”, ”Felices fiestas”, se me atragantan. Sin embargo, contrario al pesimismo que a veces llevo a cuestas, la voz de la nube negra tampoco me funciona. Decir “ha sido espantoso este año de mierda” “Por mucho, el peor año de mi vida”  no le hace justicia a mi historia y a lo mucho que he recibido en estos doce meses. Parece entonces que los polos le dan paso a una voz más serena y recogida, más unitaria y no por ello menos sentida.

En estos días en donde la Navidad parece opacada por la desolación que han dejado las aguas revueltas, contemplo la imagen de lo frágil, lo pequeño, lo sencillo del niño en el pesebre, la posibilidad que surge desde lo poco. Ante eso  me rindo, me lleno de ternura,  suelto mis cargas. Veo a los que han perdido su hogar, recuerdo amigos que han perdido recién  a seres queridos, recuento mis propias pérdidas, y me siento cercana en la adversidad, igual de pequeña pero hermanada en la espera de la luz después de una noche que nunca es eterna. Paso revista a las ganancias, más difíciles de reportar, porque son frutos del Espíritu, zancadas del alma que se acelera. El balance suma cero. Podría morir en este instante sin la sensación de algo pendiente y  con el poema de Nervo en los labios:

Amé, fui amada, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Cuando pasen los años y recuerde éste que termina, quizás tenga una perspectiva más amplia para componer un relato autobiográfico:

Año 2010, Vargas Llosa ganaba el nobel de literatura, mientras el embate de las lluvias llenaba los titulares de los periódicos y me impedía llegar al taller de narrativa en el que a duras penas trataba tercamente de escribir…

El 2010 fue un año en el que las filas de los santos se engrosaron con algunos nombres cercanos y queridos, mientras al otro lado del Atlántico, la luz de una nueva vida venía a llenar de alegría mi corazón…

2010, más que nunca la palabra se afianzó como alimento, sobre todo cuando llegó el día en que el único trigo que me permitía ingerir era el pan eucarístico…

En aquel tiempo, me encontraría por primera vez ante los Ejercicios Espirituales ignacianos, mientras la Psicoterapia y las Moradas de Santa Teresa hacían lo suyo…

Aquel año mi vida daría un giro inesperado. A mis treinta y cinco me encontraba de pronto divorciada y convaleciente, con cicatrices en el cuerpo y en el alma...

Terminaba la primera década del segundo milenio con el comienzo del camino de regreso a mí misma después de un largo viaje. Cómo aquel en el que Perséfone luego de ser obligada a bajar al Averno y transitar por las tinieblas, se convierte en puente conector entre el mundo y el inframundo, donde se tejen los misterios de transformación...

Ha sido peculiar este año, año de hiel, año de bálsamo, intenso y numinoso. Espero la Navidad, que no es otra cosa que el nacimiento de la Luz del mundo en medio de las sombras. Que así sea.

martes, 31 de agosto de 2010

Pasión Mediterránea

El estruendo me sacó de mis cavilaciones, caminé por el corredor en penumbra, sigilosa, como presintiendo que lo que encontraría no sería agradable, pero deseando en el fondo, que mi sensación se debiera a esa tendencia paranoica que tengo ante lo desconocido.

Hacía un silencio sofocante, común en aquellos días del verano barcelonés, como si el sopor y la quietud de la hora de la siesta se condensaran en una masa espesa que opacaba el sonido a modo de sordina.

Ya el día anterior, al llegar a esta casa, que me daba la bienvenida sin la amabilidad de sus anfitriones y el alboroto de los niños, había tenido la impresión de estar en una escena de esas películas que comienzan con la protagonista llegando a un lugar aparentemente acogedor, que a medida que avanza la trama se convierte en un lugar aterrador.

Al entrar por primera vez, la casa cerrada me ofreció un olor a aire inmóvil, lo bichos merodeaban sin temor a ser perturbados por moradores más civilizados, la luz se abría paso con dificultad, dando esa impresión de casa dormida pero viva, quizás peligrosa o tal vez nido cálido que cobija vidas alegres y plenas, en ese momento ausentes.

Mientras terminaba de instalarme en la habitación de huéspedes, escuchaba el aleteo y grave zureo de las palomas en el exterior de la casa. No podía dejar de visualizar a las bandadas como una horda de ratas aladas, abalanzándose salvajes en busca de comida y cagándose en todo a su paso. Trataba de entender sin conseguirlo, la razón por la cual la gente insiste en alimentar a estos engendros lúgubres como si fueran adorables criaturas. Entonces escuché el sonido seco. Al acercarme descubrí un pequeño pozo de sangre, me detuve. El silencio continuaba dentro de la casa mientras los sonidos exteriores combinados con la visión de la sangre, me permitían formarme una imagen clara o más bien distorsionada de la situación. Al acercarme un poco más, salió de la nada y sin que pudiera anticipar un movimiento, una especie de bola negra con alas batientes, que se desplazaba rápidamente a ras del suelo, dejando en su movimiento violento, un rastro de sangre restregada.

Quedé paralizada en medio del corredor. Cualquier persona en mi lugar, sencillamente hubiese ido tras ella para resolver la situación por exterminio o desalojo. Pero la imagen de aquella figura siniestra me llenó de ese miedo a las sombras que a veces se me mete en el cuerpo. Con cautela, casi flotando sobre el suelo, me desplacé por la casa, descartando lugares dónde hubiese podido esconderse, cerrando puertas y pasadizos de manera de reducir al mínimo espacio posible la búsqueda de esa cosa.

Finalmente el área de búsqueda se redujo al salón. Estaba segura de que estaba allí, quieta, observando mis movimientos como un espectro nocturno que no le teme al mediodía. Busqué, por todos los rincones, con la esperanza de no encontrarla. Después de todo estaba mal herida, tendría sólo que esperar al día siguiente para recogerla muerta.

Limpié la sangre asquerosa, clausuré todo acceso al salón y esperé al día siguiente. Quede así confinada a un sector de la casa, cerrando puertas y ventanas para evitar la presencia de otros visitantes indeseables. En medio de ese encierro voluntario y con la tarea postergada, quedé inevitablemente excluida por mi adversaria a un espacio reducido, igual que ella.

Desde que el hecho me sorprendió justo en aquel pensamiento sobre las palomas, tuve la sensación de que el golpe y la sangre era una respuesta iracunda de ella a mi desprecio, estaba allí como signo macabro que anunciaba una muerte. Esa noche se me apareció en sueños, me atormentaba con su aleteo incesante y me manchaba de sangre mientras procuraba picotearme los ojos y los oídos.

Desperté sobresaltada por las palomas que revoloteaban en el tejado del edificio de enfrente. El sol anunciaba un nuevo día y el apremio por la tarea pendiente. De inmediato, como buena carcelera, fui a pasar revista a la rea. Con suerte estaría tiesa y desplumada. La divisé en un rincón, al lado del sofá, inmóvil. Me puse los guantes de hule dispuesta a recogerla, pero al acercarme, reveló su estrategia de muerte fingida y se vio complacida por mi humillación, cuando salí corriendo despavorida. De reojo, pude ver que tenía cercenada la mitad trasera del cuerpo y parecía tener la energía de los muertos revividos.

Llevé tiempo en recuperarme, enlazaba una imagen con otra y la sensación de angustia se me clavaba en el pecho. El ave maligna se había escondido debajo del sofá, simulaba estar asustada, pero en realidad se alimentaba de mi miedo y se hacía más fuerte. Moví el sofá con cuidado para dejarla al descubierto y me di cuenta con repugnancia cómo había cagado por todos lados marcando el territorio ocupado. Un extraño furor removió mis vísceras, no estaba dispuesta a aceptar esta versión cutre del cuervo de Allan Poe y fui yo quien le dijo a ella nunca más. Entonces, el miedo se convirtió en rabia y emprendí la cruzada contra la paloma negra. Como por obra de dioses oscuros, se movía con rapidez desplegando sus alas o con su paso tintineante y burlón, no había rastros de sangre y su cuerpo estaba entero. Después de muchas persecuciones y hostigamientos, finalmente logré atraparla. Presionaba con mis dedos los delicados huesecillos que conformaban su estructura. Sentía su vulnerabilidad y el placer que da el poder de quitar la vida. Apretaba con más fuerza su cuerpo tibio y suave cuando de repente algo sucedió, la vi tan pequeña e indefensa, con tanto miedo a morir, solitaria y atrapada, que tuve compasión de ella, la saqué por la ventana y la solté. Esperaba que se fuera volando enseguida y sin embargo, cayó al suelo, inmóvil, rígida, con la mirada petrificada de quien ve pasar volando la muerte. Me asusté, cerré rápidamente la cortina y comencé a limpiar todo el reguero.

viernes, 9 de julio de 2010

Canción de cuna para Iratxe

Mareta, mareta, ahir vaig somiar
que una nineta em vares comprar
i jo la tenia, i jo li cantava
la nina plorava que tenia son
.

He tenido la valiosa oportunidad de escuchar un par de veces a Arelys Regnault en una cálida conferencia sobre la importancia de la canción de cuna en el desarrollo integral del niño y la niña. La primera, en la celebración de los 20 años de la Escuela de Música San Antonio de los Altos y en otra oportunidad, en el I Encuentro de Educación Inicial en la misma ciudad.

Sabemos que a finales del segundo trimestre de gestación, el bebé ya puede percibir los sonidos procedentes del exterior, sin embargo, incluso antes, tendrá lo que Arelys llama su primera sala de conciertos, que no es más que los sonidos orgánicos procedentes del interior del cuerpo de la madre. Estos sonidos nos invitan a la polirítmia, formándose todo un ensamble compuesto por la voz y respiración de la madre, sonidos acuosos del líquido amniótico, percusiones del latido cardíaco, etc. Motivo por el cual la musicoterapia utiliza ciertos estímulos sonoros, que podemos encontrar también en la vida cotidiana, y que generan evocaciones y estados regresivos que conducen a la relajación.

La frecuencia de los diferentes sonidos influyen directamente en diversas zonas del cuerpo, por ejemplo, los sonidos agudos trabajan más a nivel cerebral, los medios  a nivel emocional  y los graves a nivel orgánico sobre todo a nivel del bajo vientre. El método Tomatis asocia el registro medio con el lenguaje y la comunicación. Podríamos entonces conectar los problemas de lectoescritura, cada vez más frecuentes en las aulas, con la calidad de la escucha a nivel del oído medio y la emisión vocal. Una de las premisas básicas del método es que la voz contiene sólo lo que el oído capta, así, no se podrá reproducir con la voz un espectro mayor del que el oído puede escuchar. Por lo tanto para conseguir una mejor fonación es imprescindible una adecuada  y consecuente estimulación auditiva. 

Recordemos que el canto requiere de dos partes diferenciadas, la melodía y el ritmo. Un niño que cante por encima del tono que tiene de referencia, muestra un tono muscular excesivamente alto, mientras que un niño que cante por debajo del tono correcto seguramente refleja en su tono muscular más bien laxitud. Por otra parte el ritmo puede verse trastornado por una cantidad de problemas orgánicos, traumatismos posteriores al nacimiento o por saltarse alguna etapa del desarrollo motor. La buena música en general, podría ser utilizada como elemento de estimulación auditiva, la canción de cuna tendría el plus de generar un fuerte vínculo emocional entre el bebé y su cuidador, recalca Arelys, ya que incluye la posibilidad del contacto visual y la caricia, en la manera de tomar en brazos al bebé. Yo agregaría que es  además precisamente esta manera de sostenerlo, de balancearlo y de establecer ese intercambio físico a través de las vibraciones que produce el cuidador al cantar, lo que inscribe en la estructura tónica y emocional del bebé la huella profunda de estar bien contenido y  amado, que después facilitará la evocación inconsciente de esos momentos través del movimiento propio y el ejercicio vocal.
En cuanto al género musical, hay muchas y muy variadas piezas, desde las tradicionales latinoamericanas que todos conocemos hasta la fantástica Summertime de la cual se han hecho las más insólitas versiones y que es la canción de cuna que le canta la nana negra al niño blanco. Dejo aquí también una de mis favoritas del Maestro Otilio Galindez, Mi tripón.

Cada vez que Arelys nos cantaba una canción se producía un silencio casi melancólico, porque quizás la canción de cuna nos cante algo sobre la pérdida, de cuando éramos juntos y no separados de la madre,  pero también nos da la posibilidad de que al cantarle al bebé nos cantemos a nosotros mismos y volvamos a la calma y a la unidad.

Hace unos días nació mi primera sobrina, creo que éste fue el motivo que me impulsó a escribir este post que ya algunas mamás amigas mías me habían solicitado. Recordé, haciendo una recopilación de canciones de cuna para regalarle, una canción de María Rita llamada Menina da lua que me conmueve un montón, será quizás, porque es cantada para una niña y no como ocurre generalmente para un varón. Así que espero tarareando con sentimiento, el momento de poder sostenerla en mis brazos y cantarnos esa canción. O quién sabe, tal vez me anime a escrirle, escribirnos, una.



jueves, 29 de abril de 2010

El niño cabeza de palma

A Lucas,
en su cumpleaños nº 9


Hace mucho tiempo, cuando era común ver la magia manifestarse sobre la tierra, una anciana Warao a punto de morir, enterró una semilla de palma moriche, considerada el árbol de la vida, junto con dos pepas de zamuro, una ramita de canela  y un puñado de granos de  pimienta. Cantó en el lenguaje del bosque tropical tan pausada  y tan sentidamente que una lágrima brotó de su ojo izquierdo y cayó sobre la tierra húmeda recién removida. La misma que le dio cobijo al amasijo durante 9 meses.

Es así como un día de primavera, nació el niño cabeza de palma, que tiene por ojos las dos pepas negras, color canela su piel y un carácter condimentado que a veces pica de alegría en la lengua. Nadie sabe lo que piensa, pero se dice que tiene la cabeza llena de pájaros y a veces en  los días soleados, se los puede ver entrar y salir de los largos cabellos de hojas extendidas,  mientras construyen los nidos donde el niño cabeza de palma  mantiene tibios todos sus sueños.

lunes, 19 de abril de 2010

¿Somos más libres ahora que hace doscientos años?

No pensaba escribir nada sobre el 19 de abril, pero una amiga que está con el llamado proceso revolucionario, puso en su estado del facebook un comentario algo ingenuo en mi opinión, sobre la revolución, la independencia, etc. Y no pude dejar de hacerme la pregunta que encabeza este post.

Yo me pregunto si estamos mejor ahora que siendo colonia española. Supongo que hay una ganancia en cuanto al reconocimiento de la dignidad  de todos los seres humanos, de la pretensión de igualdad y participación popular a nivel de discurso, aunque la pobreza, la exclusión, la polarización, etc,  nos dejen en las mismas. Supongo que es mejor que el saqueo de nuestros bienes y recursos no lo haga un extranjero europeo o estadounidense sino corruptos en todos los estratos sociales, pero eso sí,  locales, de los nuestros. Supongo que es mejor no ser subdito de un rey blanco y lejano, que idólatra de un dirigente vernáculo.

A lo largo de la historia, el ser humano se ha inventado y lo seguirá haciendo, diferentes formas de opresión. En este país hemos estado oprimidos por los colonizadores, los dictadores, las transnacionales, el mercado, el imperio, las luchas políticas. Doscientos años después de la firma del acta que antecede a la gloriosa  independencia del año siguiente, seguimos estando oprimidos, ahora por el hampa, la impunidad, el miedo, la escasez  no sólo de insumos sino también de ética y valores y aunque algunos ni siquiera se den cuenta, oprimidos por el consumo desmedido y la superficialidad.

Libertad es una palabra que nuestra boca pronuncia pero que nadie tiene la menor idea de lo que significa, nos rasgamos las vestiduras pidiendo libertad de expresión y no hacemos sino repetir discursos de otros que a su vez repiten discursos. No puede haber libertad de pensamiento donde hay adoctrinamiento e ideologización. No hay libertad de acceso a la información cuando la información está sesgada y manipulada. No hay libertad de transito cuando vivimos paranoicos y desconfiados por la calle.

Somos esclavos de nosotros mismos, quizás por eso algunos optan por el suicidio como única acción libre en la vida. Quizás la libertad  sólo venga con la muerte, a pesar de que para los cristianos, la iglesia todavía insista en la opresión después de la muerte con infiernos y purgatorios.

¿Libertad? ¿Cuál libertad? Libertad del adolescente que cree que por cumplir 18 años ya es libre. Cuando uno es verdaderamente independiente, no celebra cada año el día en que se fue de casa de su madre, uno hace su vida, madura, integra y hasta perdona. A mí que me digan apátrida o traidora pero es que esto de celebrar derramamientos de sangre, por muy necesarios que sean  para la formación identitaria me parece un exceso de tetosterona.  Quisiera tener en mi imaginario no sólo relatos de opresión, de cuentas pendientes, de autoafirmación bélica. Quisiera tener la sensación de que no me roban, la lluvia, el verdor, la primavera, de que no me roban abril.

jueves, 8 de abril de 2010

Desde la cama

El silencio y el reposo de la convalecencia me han dado en estos días la oportunidad de emprender miniproyectos creativos que tenía rezagados en favor de los quehaceres más urgentes y funcionales. Entre ellos está la apertura de un nuevo blog llamado Voces escarlatas del clan de la cicatriz, como si no bastara este hijo medio huérfano como para ahora engendrar otro. Por lo menos no serán hijos que reclamarán la negligencia de su madre, las ausencias, la falta de alimento. Ahora que lo pienso y siguiendo con el símil de la fecundidad, hubo un macho de mi especie portador de la semilla, que en este caso tiene que ver con la pregunta justa en momento adecuado.

Ocurrió un día de primavera de una manera muy simple, él me preguntó si seguía escribiendo y si todavía estaba interesada en el arte. Aquello fue como si la línea del tiempo se encogiera toda en un único punto que resumiera toda mi vida. Es difícil de explicar, algo así deben ser las iluminaciones o el instante último justo antes de morir, o el flechazo fulminante de Eros cuando te paras frente al otro y dices: “toda mi vida tiene sentido si era para llegar hasta aquí”.
Alguien que no me ha visto en 7 años, me devuelve una imagen de mí misma que recién ahora me atrevo a mirar. Si hace tanto tiempo mi interés me inclina hacia un lugar, ¿cómo es que todavía no me lo tomo en serio?

Entonces la semilla cayó en tierra fértil, brotó y dio fruto, no sé si va a ser al ciento por uno, pero  en todo caso en este tiempo pascual no quiero volver a pecar contra mí, en la acepción de pecado que significa desatino, poner la voluntad y la energía en una cosa equivocada. Y mira que cuesta, ya lo dijo Santa Teresa.
" Me tienen atada los pretextos del mundo y no puedo seguir la llamada de Dios."
Voces escarlatas del clan de la cicatriz  es un territorio que pretende convocar la voz de lo femenino mujeril, un espacio de encuentro entre valquirias que con sus palabras nos curan y dan hidromiel al alma cuando hemos caído en batalla.
Por lo pronto iré con mis pies descalzos por el bosque de palabras a ver qué me encuentro, espero que sean sabias brujas que me recuerden que lo único que quiero en la vida es ser soberana de mi propio destino. ¿Quién se anima?

domingo, 7 de febrero de 2010

Avatar: El drama del antropocentrismo


Merece la pena hacer una reseña de la película que superó el record de Titanic, y se ha convertido en la película más taquillera de la historia cinematográfica. La película es bastante fabuloide, en el sentido de la fábula, con personajes que parecen animales pero muestran características humanas y contiene, en este caso de forma excesivamente explícita, una moraleja.

Basado en el discurso ecologista de moda, con un despliegue de imágenes de alta resolución, una superproducción millonaria, la creación extraordinaria de un mundo paralelo, que nada tiene que envidiarle a la Tierra Media del Señor de los Anillos, con la mezcla de romance, acción y exacerbación del sentimiento gregario e indignación ante la injusticia, Avatar tiene todos los ingredientes para el entretenimiento y para vender la ilusión de que con sólo sentimiento y buenas intenciones un mundo mejor es posible. Así el espectador, satisfecho, puede dormir tranquilo mientras todo sigue igual en el mundo real.

Están bien definidos y sin matices el bien y el mal, los opresores y los oprimidos, los inocentes y los verdugos, lo natural y lo artificial. El dualismo característico del pensamiento occidental, que nos deja seguros y nos permite situarnos en posiciones políticamente correctas y sin identificarnos con la sombra que todos llevamos dentro. Y por supuesto entre dos aguas, el personaje central, nuestro héroe híbrido, con lo mejor de los dos mundos cuerpo na' vi y mente humana.

Existen tres grupos dentro del film: los supermalos representados por los militares y la compañía “transplanetaria”, los buenos, es decir, científicos verdes con los que se podría identificar a cualquier ONG y los inocentes aborígenes que bien podrían ser del Amazonas como de África. Curioso que se nombre a Venezuela: “Venezuela, that was some mean bush” y no aparezca en los subtítulos.

A decir verdad no hubo nada que me conmoviera, ni siquiera en los momentos más cumbres, me fastidió un poco el trillado mito del guerrero que más guerrea, vence al dragón y se queda con la princesa, que la fuerza fuese la vara con que se mide la dignidad de un miembro del clan que ha traicionado al pueblo, y me indigna, que los líderes no puedan salir del mismo pueblo sino que se necesite un mesías todopoderoso, importado además, al que traten como un dios por realizar una hazaña que ninguno de ellos está destinado a llevar a cabo, queriéndonos transmitir que al final ese tipo de colectivos conectados con la naturaleza, tienen una conciencia mágica, no una conciencia crítica y que ante la opresión han de responder con el grito “ esta tierra es nuestra” (discurso que también usa el opresor) como si tuviéramos de verdad el derecho de poseerla y no el deber de defenderla por ser parte de ella.

Más allá de su piel azul, su estatura, su cuerpo felino y su conexión con la madre naturaleza, los na' vi, en lo que se refiere a la manera jerárquica de organización, y toda su emocionalidad: los sentimientos de envidia, celos, enamoramiento, estrategias de juego y seducción, etc son idénticos a sus homólogos blancos, por algo son llamados humanoides.

Por último, tenemos una deidad que decide intervenir en los acontecimientos de la historia, organizando al mundo animal, tomando partido en la guerra por los más débiles y revirtiendo la injusticia. Pero en el mundo real los animales no pueden defenderse sino que se extinguen, al igual que los recursos naturales se acaban y la tierra de vez en cuando se sacude llevándose por delante a justos y pecadores.

En el momento más dramático, justo antes del gran milagro, cuando todo estaba perdido pensé: “ la película debería acabar aquí, con este genocidio, pero no, tendrá un final feliz porque sin final feliz no hay taquilla” y así fue, la madre salva a sus hijos predilectos, demasiado parecidos a nosotros, gracias a la “oración en el huerto” que el Elegido hace en aparente acto de humildad pero que esconde nuestra convicción de ser el centro de la creación, el ombligo del universo. Pero en las circunstancias actuales, la naturaleza no hará nada para salvarnos de nosotros mismos sino que al paso que vamos, nos extinguiremos, a menos que logremos interpelarnos y reconozcamos que no somos muy diferentes de los supermalos. Cada vez que lanzamos basura y malgastamos los recursos por creer que si están allí tenemos el derecho a tomarlos, cada vez que somos indiferentes a la opresión y a la injusticia, o despreciamos a la gente por su procedencia, religión o tendencia política y nos creemos superiores a los otros e irrespetamos las diferencias, cada vez que la prioridad es obtener el máximo de ganancia a costa de lo que sea o de quien sea y bajo la apariencia del humanitarismo nos aprovechamos de los demás, somos Quaritch, ese depredador despreciable militar, blanco y gringo con el que el guión no permite que nos identifiquemos.

Hay que reconocer la capacidad de James Cameron de mezclar elementos mitológicos de diferentes culturas y elementos claves de diferentes películas de manera de enganchar emocionalmente al espectador con referencias casi arquetípicas, pero no olvidemos que es desde Hollywood, la máquina de fabricar ilusiones, que nos traen este regalito y que pese a la aparente intención autocrítica, el cine hollywoodense es en su esencia un producto de consumo, entonces habría que preguntarse cuál es el discurso que nos están vendiendo y si estamos dispuestos a comprarlo.